Asociación Cultural que rinde tributo a la literatura, al cine, al arte en todas sus expresiones, y reivindica unos valores elevados.
lunes, 27 de abril de 2020
El Sueño Dorado, 1939
Dirigida por Rouben Mamoulian (director de esa joya El Zorro), interpretada por un jovencísimo William Holden y la enorme siempre Barbara Stanwyck.
No excesivamente conocido film, pero una obra bellísima. La eterna lucha entre lo material y lo espiritual. Aquí lo material representado por el mundo del boxeo, y lo espiritual, por la música. Pese a los prejuicios leídos de algunos críticos, totalmente sin fundamento, esta historia es una fábula en la línea casi de Capra, como un cuento, donde nos muestra a un joven con capacidades innatas para tocar el violín, pero que se siente tentado por el mundo del boxeo por el éxito rápido y el dinero que genera, además del aplauso de las masas. El film tiene un encanto ingenuo, pero que funciona perfectamente con la historia. Holden está espléndido encarnando a un joven rebelde, pero a la vez soñador, violinista de enorme sensibilidad por la que se han reído de él. Y su faceta de boxeador, la que aspira casi como venganza, pues el mundo premia al agresivo y no al sensible y al artista, y así impresionar a la chica que le gusta. No diría que es una obra maestra, tiene algún punto algo más flojo, pero todo se perdona ante el cariño con el que rueda Mamoulian, el encanto que desprende el film, la acción muy bien llevada, la fotografía y la música (recibió un Oscar). Y atentos a los diálogos, sobre todo entre Holden y Stanwyck. Bellísima joya, un cuento con mensaje eterno, un canto al arte y a la música, a la familia, a los sentimientos y a la sensibilidad.
-Sir Percy
Glorioso Blanco y Negro

Y un día nació El Séptimo Arte. Luces y sombras del alma proyectadas en la pantalla. Luz que iluminaba la oscuridad, oscuridad que devoraba la luz...y mientras, la poesía que cantaba con imágenes, y luego con música y sonido. Esas estrellas aún brillan en nuestros corazones. Esas películas con el toque del genio que permanecerán para siempre entre nosotros.
El Blanco y Negro, el cine cuando era cine, cuando era patrimonio del artista.
Inolvidable.
-Sir Percy
Los Amantes de Montparnasse, 1958, Francia.
Los Amantes de Montparnasse, 1958, Francia.
Dirigida por Jacques Becker, y dedicada a la memoria del genio Max Ophüls, fallecido un año antes, este bellísimo film retrata el amor al final de la vida del pintor Modigliani.
Entre un juego de luces y sombras muy logrado, destacan algunos planos que realmente demuestran cariño por la obra, de una inmensa delicadeza, contenidos y deslumbrantes de belleza. Gerad Philipe está inmenso en su caracterización de Modigliani, un artista condenado, incomprendido, que se da a la bebida y se hunde en un pozo de desesperación. El rostro del actor es fascinante, los medio y primeros planos son soberbios y de una enorme precisión para ilustrar su estado de ánimo. Anouk Aimeé hace de su enamorada, y borda el papel, con ese aire de amor incondocional, dulzura y comprensión. Y una mención aparte merece Lili Palmer, maravillosa actriz, que hace de una amante muy ambigua, interesada y unida a ese bajo mundo en el que se hundía Modigliani, pero sin dejar de apreciarle y respetarle. La película resulta de enorme belleza, logra expresar en todo momento la bohemia de esos artistas de comienzos de siglo, y el encuentro del creador individual con un mundo que ya sólo entiende de éxito y de dinero. Soberbia, delicada, a veces desgarradora, a veces exultante con un amor presentado en escenas bellísimas gracias a un prodigio de iluminación y al buen hacer de los protagonistas. Se nota la huella del genio Max Ophüls, un periodo sin duda mágico para el cine francés que derrocha sentimiento y belleza.
-Sir Percy
Dirigida por Jacques Becker, y dedicada a la memoria del genio Max Ophüls, fallecido un año antes, este bellísimo film retrata el amor al final de la vida del pintor Modigliani.
Entre un juego de luces y sombras muy logrado, destacan algunos planos que realmente demuestran cariño por la obra, de una inmensa delicadeza, contenidos y deslumbrantes de belleza. Gerad Philipe está inmenso en su caracterización de Modigliani, un artista condenado, incomprendido, que se da a la bebida y se hunde en un pozo de desesperación. El rostro del actor es fascinante, los medio y primeros planos son soberbios y de una enorme precisión para ilustrar su estado de ánimo. Anouk Aimeé hace de su enamorada, y borda el papel, con ese aire de amor incondocional, dulzura y comprensión. Y una mención aparte merece Lili Palmer, maravillosa actriz, que hace de una amante muy ambigua, interesada y unida a ese bajo mundo en el que se hundía Modigliani, pero sin dejar de apreciarle y respetarle. La película resulta de enorme belleza, logra expresar en todo momento la bohemia de esos artistas de comienzos de siglo, y el encuentro del creador individual con un mundo que ya sólo entiende de éxito y de dinero. Soberbia, delicada, a veces desgarradora, a veces exultante con un amor presentado en escenas bellísimas gracias a un prodigio de iluminación y al buen hacer de los protagonistas. Se nota la huella del genio Max Ophüls, un periodo sin duda mágico para el cine francés que derrocha sentimiento y belleza.
-Sir Percy
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